Me prometió que está vez sería distinto y no volvió más, ¿Como culparla entonces?
Este viento veraniego que ahora acaricia mi cara es testigo único de mi presente, el resto son recuerdos y deseos. ¿Cuántos días con un clima perfecto habré vivido ya a lo largo de mi vida?, ¿Cuántos me quedan?, ¿Cuántos me perdí?, ¿Cuántos de los vividos no dije «Que buen día hace hoy»? Esos también los perdí.
Me pregunto cuánto tiempo estaré a salvo de mi mismo, de mi insana facilidad para evadir certezas; cuando caerá en la bancarrota está fábrica de dudas y tendré el valor de no hacerme las mismas preguntas toda la vida. Y entonces, en algún punto el silencio irrumpe y si tenemos suerte se impone. No un cese de ruido, huelga de trenes mercantes o una ciudad agravada por bocinas, las voces cesan. Esa solicitada pausa auspicia la calma y el oasis será clave para soportar el ruido de mañana.
Mi ansiedad es histeria colectiva reducida al absurdo, todas las veces que me repito «ya va a llegar», un nos vemos pronto tras otro, cada una de mis personalidades en conflicto interno firmando una tensa paz. Soy consciente de la dualidad que me abriga más allá del alma cada vez más apegada al cuerpo. Aún no tengo claro si cambio y evolución son sinónimos, si están dispuestos a convivir o si la una es fruto del otro. ¿Que queda de tus anteriores convicciones cuando la vida te obliga a avanzar? Aún no me recuperé de las consecuencias de ser libre.
A veces creo que tan solo necesito saber que alguien en algún lugar del mundo está deseando verme, ni siquiera vernos. Pero la melancolia volvió a cubrirlo todo, a malograr la frecuencia de cada resorte en qué vibra mi alegría. Intento cada día arrancarme un recuerdo de la piel para que estás páginas lo hereden y yo que amo compartir soy consciente de que este es un trato sumamente injusto.
Nadie quiere quedarse al costado de quien continuamente buscar alejarse de si mismo, lo acepto, elijo crear antes que creer y si el destino me escoge que su guía no cese, que cada movimiento sea una creación que me permita orbitar de nuevo cerca de ti, aunque el resto de la vida sea oscura.
El invierno trajo consigo distancia, el frío solo fue una consecuencia, permítanme equivocarme ahora que se fue, déjenme evocarla tranquilo.
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