Evocar es un deporte de riesgo, el pasado debe macerar mucho tiempo a temperatura ambiente si pretendemos que la nostalgia no sea un ingrediente amargo. Nuestra dependencia emocional para con el tiempo es tanta… Tan inabarcable que se escapa entre los dedos, no solo nos supera, su devenir es insuperable.
¿Motor o limite? ¿Horizonte o frontera? Yo planeando en tu ahora, y ahora, y ahora, y ahora… No consigo descifrarte. Será que el vértigo me conduce a aislar realidades pensando frívolamente que así seré capaz de hacerles frente. Pero uno no puede encarar el inexorable paso del tiempo un martes y abordar el miedo a la muerte un jueves. Tal vez por ese mismo error los apóstoles llegaron agotados aquel primer domingo.
Custodio mis vivencias, acepto sus consecuencias y ya no sé si duele más pasar página o saber que todo se desarrolla en el mismo plano; el tiempo pasa mientras yo deambulo por el túnel, incluida su luz final. Ojalá poder decir que al fin frené, pero no.
Tiempo… Florece fértil, fabrica infinitas fragancias, finta las falacias que facilitan el festín de fieras, afianza mi fe en futuros figurantes. Ofreceme felicidad y en falsa ofrenda firmaré mi final con la firmeza del forajido que fracasó como forastero.
Hoy no estás menos presente que ayer, pero ayer estabas. Duele tanto que intento culpar a alguien, me desgarro la voz y maldigo al tiempo por correr como una exhalación aquel día que me mirabas directa al alma; pido su condena por frenar en seco cuando decidiste alejarte. Dame una tregua, aplica clemencia a este convulso lapso de libre interpretación en que convertí mi vida.
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